Pese a las dificultades para establecer líneas o fronteras claras que nos permitan diferenciar comportamientos o hábitos que, en función de la edad, constituyan realmente una generación, de forma más o menos extendida, se considera que la generación Z abarca a los indviduos nacidos entre 1995 a 2010, (CEREM, 2024; INJUVE, 2017).
Quizás los individuos de la generación Z son caracterizados por ser nativos digitales, poseer una mayor conciencia social y ambiental, pragmáticos, empáticos, autodidactas y autónomos, y haber normalizado la conversación sobre salud mental reconociendo su importancia a diferencia de generaciones pasadas. Sin embargo, pese a estas fortalezas, también se sabe que es una generación que atraviesa una crisis de soledad y aislamiento, desmbocando en problemas de salud mental frecuentes como la depresión y ansiedad.
Pudiera resultar paradójico que la generación, en donde la tecnología disponible hace que podamos estar más conectados que nunca, sea la generación que presenta más soledad. Como se mencionaba anteriormente, datos de la OMS (2025), revelan que una de cada seis personas en el mundo está afectada por soledad dentro de las cuales, entre el 17 y 21% son personas entre 13 y 29 años, (DW, 2025). Según distintos estudios, esta generación presenta los niveles más altos de soledad en comparación con los adultos mayores, dato que rompe con los patrones históricos. Muchos jóvenes describen esa sensación de vacío después de pasar horas en redes sociales, o ese cansancio emocional que llega tras intentar encajar en espacios donde todos parecen felices, seguros y exitosos, (Centro Psicológico Cepsim, 2025).
En México la situación es ligeramente distinta al resto del mundo pero comparte ciertas semejanzas. Hallazgos del Informe de salud mental y generación Z realizado por la UNICEF (2025), señalaron que aunque la generación Z en México expresa más esperanza y empoderamiento que sus pares de otros lugares, también está excepcionalmente abrumada por las noticias o eventos en los medios, especialmente nacionales, tienen más probabilidad de sentir que han experimentado crisis como la injusticia social, cambio climático e incertidumbre económica que otros países encuestados, además es más probable que en algún momento hayan necesitado ayuda con su salud mental.
Los estados emocionales anteriores pueden exponenciarse si tomamos en cuenta que muchos jóvenes pasan por lo que se conoce como la crisis del cuarto de vida, entre los 25 a 30 años, debido a la incertidumbre económica y social, toma de conciencia de las dificultades para independizarse de la familia de origen y ser autónomo o autónoma, las posibles decepciones ante la inmersión en el mundo laboral, diferencias entre la vida que se creía que se iba a tener a esta edad y la que realmente se tiene, las dudas sobre el propio rendimiento y habilidades ante las demandas sociales de perfección y éxito, (Díaz Medina, 2019).
El mismo informe realizado por la UNICEF (2025) detalla información sobre los mecanismos de afrontamiento que usa la generación Z cuando se siente abrumada. En estos datos, el mecanismo de afrontamiento más utilizado fue "escuchar música" con un 83%, mientras que actividades como "salir a la naturaleza" o "mover mi cuerpo" se reportaron para un 45 y 59% respectivamente. Otro mecanismo de afrontamiento que se consideraría deseable sería "pasar tiempo con amistades y familia" el cual fue reportado por un 65%, sin embargo, "pasar más tiempo en mi celular" fue el segundo mecanismo de afrontamiento más usado, con un 70%.
En este contexto es importante que se puedan popularizar los mecanismos de afrontamiento saludables como correr, puesto que "pasar más tiempo en el celular" no es el mecanismo deseado para la generación Z, ya que contribuye a los ciclos de malestar emocional que se desean mitigar para esta generación. Estudios realizados por Eime et al (2013) en niños y adolescentes, reportaron varios beneficios sociales, psicológicos y de salud donde los más comunes involucraban una mejora en la autoestima e interacción social seguidas de menores síntomas despresivos.
Aunado a esto, otro estudio realizado por O' Neal et al (2025), encontró que una mayor exposición a un programa combinado de running y mentoría mejoró los sentimientos asociados con la depresión y la percepción de conexión social entre los estudiantes de secundaria residentes en Washington, D. C.
En el mismo estudio, se encontró que el efecto protector del programa también redujo notablemente la probabilidad de reportar síntomas consistentes con un diagnóstico clínico de depresión en todos los grupos de sexo y raza. La mayoría de los beneficios del programa se observaron en quienes participaron durante al menos dos años.
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